La casa del Temple

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La belleza andalusí de la Casa del Temple, en Toledo

El edificio, una vez en el interior, impresiona. Se te van los ojos, no en vano conserva unos alfarjes o techos con maderas labradas y entrelazadas de forma artística que en algunos casos datan de 1108, allá por el siglo XII, con elementos tallados o policromados y que tienen, además de su belleza, importancia y valor, la cualidad de que se encuentran justamente donde fueron creados.

Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento desde 2002, el patio interior de la planta baja comunica con las cuatro crujías que definen el inmueble. Lo que vemos a nuestro alrededor son un arco de medio punto decorado con yeserías mudéjares y, ojo, el forjado del techo primitivo, que se supone que es anterior a 1109 y con canes labrados en el interior del patio. Y en uno de sus laterales conserva el alfarje con las tabicas originales. A cada lado de esta entrada, dos arcos de herradura apuntados y decorado con finas yeserías.

Ya en el sótano se encuentra un salón con un zócalo decorado con pinturas, que están en proceso de restauración en estos momentos, y que representan arcos entrecruzados, temas vegetales y una cenefa, todo supuestamente anterior a 1109. A lo que hay su añadir la planta primera y el ático.

La rigurosa contemporaneidad existente entre este monumento toledano, el palacio de la Aljafería de Zaragoza (1046-1082) y el alfarje de la iglesia de San Millán de Segovia (labrada y armada hacia 1110) se refleja en que gran parte de los elementos constructivos de las techumbres y ornamentales son prácticamente iguales en los tres edificios.

La Casa palacio del Temple fue notablemente reformada en el siglo XIV, época de la que se conservan numerosas yeserías mudéjares, principalmente en puertas y ventanas.

Manuel Marín Martínez. Agosto 2017