Musica, poesia y literatura (fotos)

 

Los musulmanes penetraron en la Península Ibérica a principios del siglo VIII, concretamente en el año 711 y estuvieron casi ocho siglos. Llamaron a este territorio         Al-Ándalus», que quiere decir «Tierra de los Vándalos» en árabe. Durante los siglos VII y el siglo XV se desarrolló la más elevada y refinada civilización de Europa en la Edad Media.  Sin la herencia musulmana, el mundo cristiano medieval, cuna de la civilización occidental, no habría llegado a ser lo que fue. Con la presencia del islam en la Península Ibérica llegaron nuevos productos, nuevas técnicas de producción, de irrigación, técnicas artísticas y artesanales que forman parte del legado cultural islámico en España.

Las matemáticas, la astronomía, la física y todas las disciplinas científicas de la Grecia antigua, hubieran caído en el olvido tras la caída del Imperio Romano de no ser por los árabes. Fueron éstos los que recuperaron y tradujeron este saber y tras hacerlo suyo, lo desarrollaron al ritmo de su expansión comercial, económica, cultural y religiosa. En cuanto a conocimientos, introdujeron la numeración decimal, el álgebra,  la trigonometría, el ajedrez, la alquimia, la química, la cirugía (en la medicina) y la astronomía.

Los musulmanes difundieron la poesía rimada y, gracias a ellos y a las numerosas escuelas de traducción que existían en la España de aquella época, se recuperaron los textos y las reflexiones del filósofo griego Aristóteles que se habían perdido.  Eso por no hablar de los términos jurídicos, administrativos, etc., en muchos casos traídos por los musulmanes de traducciones latinas de la Lex Romana

Las primeras piezas literarias en lengua española son unas pequeñas composiciones líricas de tema amoroso denominadas jarchas, que datan de mediados del siglo XI y que aparecían a manera de colofón al final de las moaxajas, unas complicadas formas estróficas de poemas escritos en árabe o hebreo.

Durante estos siglos, al-Ándalus estuvo a la cabeza de la ciencia y el pensamiento medieval, mientras que los saberes clásicos se reintrodujeron en Occidente a través de las traducciones del árabe. Científicos andalusíes como el cirujano cordobés al-Zahrawi, el astrónomo toledano Azarquiel, el geógrafo ceutí al-Idrisi o agrónomo malagueño Ibn al Baytar fueron algunas de las figuras destacadas de la ciencia andalusí.

La arquitectura fue una de las disciplinas más destacadas de la cultura andalusí. Los árabes que llegaron a la Península asimilaron la tradición romano-visigoda y aportaron sus propios elementos innovadores.

En cuanto a medicina, se sabe que los procedimientos médicos de época andalusí fueron muy avanzados ya que se practicaban un amplio número de intervenciones, como, por ejemplo, las operaciones de cataratas o las traqueotomías.

El artista árabe encontró en la música y en la poesía esa evasión que le permitía plasmar el genio que encerraba en su interior, de ahí que su legado sea una de las más bellos que ha dejado en su andadura histórica. En Al-Ándalus no fue menos importante, llegando a gozar de una época de verdadero esplendor. Para comprenderla es necesario incluir algunas pinceladas históricas referentes a la cultura musical islámica en general.

El más famoso musicalmente fue Al-Farabí. Este eminente filósofo sobresalió tanto en la teoría como en la práctica.

El último gran teórico de la música fue Avicena. Este médico y filósofo incluyó en sus obras largos capítulos sobre música.

La prosa y la poesía fueron dos disciplinas altamente valoradas por los andalusíes, amantes de la belleza, la estética y la naturaleza. Uno de los poetas que alcanzaron más alta fama, aparte de al-Mutamid, fue Ibn Zaydun (1003-1071), lo mismo que su amada, la bella princesa Wallada, y otros muchos y muchas, entre los que cabe destacar el célebre Ziryab, procedente de Bagdad en el siglo IX, quien, además de revolucionar las modas en el vestir, la cosmética y la cocina, fue un magnífico tañedor de laúd, al que agregó una quinta cuerda.

La prosa -sobre todo filosófica- también tuvo buenos representantes, algunos de la talla del gran pensador Ibn Tufayl, que destacó con su delicioso  “Libro del Filósofo autodidacta”, sin duda precursor del Robinson Crusoe de Defoe. También destacó el poeta Ibn Suhayd, con su obra Espíritus y demonios.

 

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