Reseña del viaje a Málaga y Antequera

Amigos del Legado Andalusí en Málaga.10 y 11 de Febrero 2018.

Saludos amigos. Vengo a compartir, a través de estas letras y unas cuantas fotografías, el magnífico viaje que un puñado de asociados hicimos a Málaga y Antequera los días 10 y 11 de febrero de 2018. El buen sabor que nos quedó así lo merece, a ello contribuyeron nuestros compañeros José María Calleja y Manuel Marín; el primero con su aportación de ideas y el segundo con la realización de un buen trabajo logístico. A esto debo añadir que todas nuestras salidas culturales, ya sean cercanas o allende nuestras fronteras, están ya desmenuzadas y explicadas en lo esencial, así es que al salir de viaje compartimos el entusiasmo de ver en la realidad algo ya sometido a crítica previamente.

El sábado 10 de febrero comenzó nuestro viaje con la primera luz del día, de manera que al llegar a Estepa era imprescindible un buen desayuno andaluz. Mientras desayunamos nos desperezamos e intercambiamos comentarios; los ánimos van calentándose y, además, las tonalidades que el paisaje va tomando nos auguran el color de un espléndido día, vamos ya con muy buen pie.

La mayoría de los viajeros habíamos pasado muchas veces por Málaga camino de otros lugares sin prestar demasiada atención a esta ciudad que acabó por sorprendernos y subyugarnos, seguramente los malagueños tienen mucho que ver en ello.

Iniciamos los primeros contactos recorriendo lugares emblemáticos de la capital malagueña sin bajarnos de nuestro bus para, a continuación, acometer la subida a la cuesta que nos llevaría hasta su gran vigía: Gibralfaro, coronado por un Alcázar de dimensiones considerables, de origen fenicio, reedificado por los nazaríes.

Al desembarcar en Gibralfaro, tras visitar el Centro de Interpretación, la Torre Mayor del Alcázar nos llama magnéticamente: es el más fantástico balcón a la ciudad, al mar y a los contornos montañosos. Respirar a pleno pulmón en este lugar produce una emoción vivificante, nacen alas en el ánimo, quizá por la inyección de yodo y oxígeno mezclada al olor de las plantas silvestre y árboles que crecen en las laderas del monte. Y el ánimo te incita a recorrer la vieja fortificación, sus torres y murallas, escaleras arriba y abajo, dándole de lado al cansancio.

El apetito que despierta el ejercicio nos hizo llegar, con cierto afán, en agradable recorrido por la Judería desde los jardines de Ibn Gabirol, a un restaurante-tasca muy singular: “El Pimpi”, difícil de describir. Dos plantas laberínticas de corredores, reservados y patios donde penden plantas colgantes, buen ambiente festivo y, sin embargo, capaz de ofrecer un reservado tranquilo y familiar como el que nos tocó, la sala dedicada al escritor cordobés Antonio Gala, rodeados de fotografías evocadoras y pinturas. A nuestras anchas, compartimos comida propia de nuestra tierra andaluza, sin faltar los boquerones malagueños ni el jamón ibérico, todo regado con vino de Málaga. Departimos y disfrutamos sin prisas lo que fue un más que agradable almuerzo.

La tarde del sábado se completó con la visita al Museo de Málaga, ubicado en el Palacio de la Aduana; la Catedral de la Encarnación, que ocupa el lugar donde estuvo la Mezquita Mayor (Yama´a al-Kabir), y sus alrededores.

La caída de la tarde Malagueña nos sorprendió por las calles de la alcaicería andalusí con la algarabía de un carnaval muy impactante y desconocido. Recorrimos las calles hasta llegar a la céntrica Plaza de la Constitución rodeados de comparseros y chirigoteros. En esta plaza que fue antiguo puerto fenicio, romano y, posteriormente, Plaza Mayor para los cristianos, despedimos la jornada con una cena sencilla en un lugar mítico: El Restaurante Café Central”; nuevamente excelente acogida en un reservado tranquilo en la planta superior del edificio, a pesar del gran ventanal que nos

permitía ver la actuación, a voluntad, de las comparsas en el centro de plaza.

Nos amanece el domingo 11 de febrero con el mismo buen tiempo que el día anterior, después del desayuno nos libramos de las maletas cargándolas en nuestro autobús para aprovechar el día libres de impedimenta. Un breve recorrido en el mismo nos lleva al pie de la Alcazaba.

La Alcazaba de Málaga completa la belleza del monte de Gibralfaro, ya coronado por el Alcázar, adaptándose a su orografía descendente. Es la más importante fortaleza urbana de cuantas existieron en al-Andalus, a sus pies se puede comprobar y sentir lo que de ella expresó el erudito ibn-al-Jatib: puesta en la más ventajosa situación era segura e inexpugnable. Tal situación. que podría ser obstáculo para su visita, en la actualidad se salva por medio de un moderno ascensor disimulado dentro de una torre.

Poder disfrutar este monumento, cuidado y restaurado con buen sentido, desde arriba hacia abajo es una experiencia de las más hermosas y gratificantes. En su parte alta nos sorprende la zona palatina con restos de estancias de gran belleza. A continuación sólo es cuestión de dejarse llevar cuesta abajo recorriendo los distintos recintos, atravesando las correspondientes puertas con sus cúpulas y recodos, siempre acompañados por la vegetación que completa la amalgama de color que nos ofrecen los distintos tonos de sus piedras, argamasas y ladrillos.

Fuera ya de la Alcazaba, a sus pies, dedicamos unos instantes a las ruinas del Teatro Romano para acercarnos posteriormente al mercado de abastos, ansiosos por poder contemplar la majestuosa puerta nazarí que embellece su entrada. Construida en su momento para las Atarazanas por el sultán Mohamed V en el siglo XIV, en sus laterales aparecen esculpidos los escudos del monarca.

Con el tiempo ya contado, subimos a nuestro autobús para poner rumbo a Antequera. Antes de llegar a esta ciudad, en un paisaje de colinas que la divisan, es obligado un alto para visitar el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera, compuesto por: el Tholos de El Romeral, el Dolmen de Viera y el Dolmen de Menga. Este último es el más impresionante por su dimensión, sus tres pilares interiores y el extraño pozo construido en la cámara más amplia, de más de treinta metros de profundidad. El Conjunto forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO

Llegados a la ciudad de Antequera recorrimos a pie el centro histórico y desde un lugar estratégico pudimos ver y comentar su Alcazaba a una distancia cercana.

Bien entrado ya el mediodía, siendo hora de reponer fuerzas, nos dirigimos al Parador de Antequera donde almorzamos tomando un especial menú de degustación, con la calidad que acostumbran a ofrecer este tipo de establecimientos, en un comedor moderno y relajante con vistas a la famosa Peña de los Enamorados.

Finalmente, emprendimos el camino de regreso a Sevilla, con buen ánimo y la satisfacción de haber disfrutado un viaje sabroso y distendido en buena compañía.

Rosa López Almansa